Cuando se sufre una pérdida se hace necesario realizar ciertas tareas para reestablecer el equilibrio, ya que toda pérdida implica un desajuste doloroso en nuestras vidas.
 
El duelo es un proceso, y no un estado, por lo que es necesario pasar por ciertas etapas y resolver ciertas tareas para así lograr un duelo completo.
 
Cada experiencia de pérdida es particular y personal, por lo que la duración y manera de vivirlo varía de una persona a otra.
 
Las fases a las cuales nos vemos enfrentados en un proceso de duelo varían en intensidad y tiempo según la experiencia particular de cada uno, la personalidad a la base, circunstancias del fallecimiento, redes sociales, etc.
 
En un duelo, la primera etapa luego del fallecimiento del ser querido, corresponde a  la Etapa de shock en la cualexiste cierta incredulidad respecto a la muerte de éste, habiendo una sensación de que lo ocurrido no es verdad.
 
La segunda etapa corresponde a la Etapa de Anhelo y Búsqueda en la cual a pesar de que racionalmente se sabe que la persona falleció, se comienza a hacer real la pérdida, habiendo un fuerte impulso a intentar buscar y recuperar a la persona pérdida.  Es común en esta etapa, confundir a personas en la calle con la persona fallecida. En esta fase se mezclan principalmente sentimientos de dolor y rabia.
 
Es aquí donde se señala como primera tarea del duelo, el afrontar la realidad de que la persona ya no está y no volverá. Parte de esta aceptación es asumir que el reencuentro es imposible, al menos en esta vida. Esto implica tiempo ya que exige no solo una aceptación intelectual sino que también emocional.
 
La tercera es la Etapa de Depresión y Desorganización en donde la realidad de la pérdida se hace evidente y afloran sentimientos de depresión y soledad debido a la constatación de la irrevocabilidad de la pérdida.
 
Aquí, se hace necesario trabajar las emociones y el dolor de la pérdida, haciéndose necesario elaborar el dolor emocional ya que cualquier intención de suprimir de forma continua este dolor hará que el dolor del duelo se prolongue. En este sentido, a pesar de que esté estigmatizado como insano y mórbido el hecho de experimentar dolor;  es imposible perder a alguien, con el cual se ha estado profundamente vinculado, sin experimentar cierto nivel de dolor. Es necesario dar rienda suelta a ese dolor, sabiendo que algún día pasará.
 
La cuarta y última fase corresponde a la Etapa de Reorganización en donde se comienza a aceptar la nueva situación redefiniéndose el contexto sin la presencia de la persona fallecida. Aquí se hace necesario adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente, es decir, no solo adaptarse a la pérdida de los roles ejercidos por la persona fallecida, sino también, un cuestionamiento acerca del sentido de si mismos y el sentido de su vida.
 
 
Finalmente, se hace necesario recolocar emocionalmente al fallecido para así poder continuar viviendo. Esto no significa olvidar a la persona que ha partido ya que los recuerdos de una relación significativa nunca se pierden.
Esta tarea es la más difícil de realizar ya que muchas veces se piensa que la vida se detuvo cuando se produjo la pérdida. En este sentido, es necesario recordar que existen otras personas para amar, y eso no significa que se quiera menos a nuestro ser querido que partió.
 
 
 
La muerte de un hijo.
 
 
Experimentar la muerte de un hijo es un hecho muy doloroso y desestabilizante para los padres, y a su vez, para todo el entorno familiar.
 
Muchas veces en los padres, tras la muerte de un hijo se genera un fuerte sentimiento de culpa producto del cuestionamiento respecto a su propia competencia en el cuidado de su hijo, ya que parte de su rol como padres es cuidar y mantener a su hijo seguro.
 
Es importante destacar la individualidad y particularidad de cada proceso de duelo. A pesar de que ambos padres han sufrido la misma pérdida, cada uno la vive de forma distinta, debido a que cada uno tiene formas distintas de afrontar las pérdidas y debido a que la relación con la persona perdida no es la misma entre ambos padres.
 
Asimismo, dentro de la misma familia puede haber diferencias que pueden provocar tensión y alianzas entre los miembros. En este sentido, hay que tener cuidado con hacer interpretaciones erradas tales como: “no llora, por lo tanto no le importaba su hijo”, “sigue riendo, por tanto, está negando la pérdida”, “lleva mucho tiempo llorando así que tiene un duelo patológico”, etc.
 
El duelo por la pérdida de un hijo se transforma para los padres en una lucha entre la creencia y no creencia de lo sucedido, no quieren creerlo. En este sentido, quedarse con los objetos y posesiones de ese hijo son reflejo de la lucha por no creer lo sucedido. En ocasiones se mantiene la habitación del hijo fallecido intacta por mucho tiempo.
Es importante que aquellos que acompañan a una persona en duelo, recuerden que a la gran mayoría de padres de niños fallecidos no les molesta que se hable de sus hijos, al contrario, esperen que así sea.
 
 
 
 
La muerte para los hermanos.
 
 
No es extraño, que después de la pérdida se pase por alto al resto de los hijos. En ocasiones se piensa que los otros hijos son demasiado jóvenes para entender la pérdida o que deben ser protegidos de la situación evitándoles hablar del tema. Generalmente no se les da la atención necesaria a los demás hijos porque los padres están en un estado traumático sin poder ofrecer ayuda. Es aquí donde se hacen necesarias las redes de apoyo, es decir, aquellas personas cercanas a la familia que puedan brindar apoyo y contención a los niños cuando muere un hermano.
 
Muchas veces los hermanos del fallecido prefieren no mostrarse contentos ni jugar, debido a que otras personas puedan pensar que su hermano no les importaba.
Es importante destacar que los niños buscan sus propias respuestas frente a lo sucedido, y muchas veces no son capaces de comprenderlo, por lo que es fundamental una comunicación abierta entre los padres y los hijos para que se disipen las creencias erróneas que muchas veces tienen los niños respecto a la muerte. Lo anterior es fundamental ya que esto puede generar alteraciones en el desarrollo de la personalidad del niño y su forma de vincularse con las personas en el futuro. Además genera un vínculo emocional fuerte y cercano entre padres e hijos, lo que permite afrontar de mejor manera la pérdida.
 
 
Es fundamental tener en cuenta que según la edad de los niños la visión y comprensión respecto a la muerta es distinta:
 
*        Antes de los 5 años, los niños suelen creer que cierto grupo de personas no mueren, que una persona que es inteligente o afortunada puede evitar la muerte y podrá vivir para siempre. Los niños también creen que una persona muerta puede todavía pensar y sentir, así esté muy claro que la persona no puede comer ni hablar.
 
*        A partir de los 5 ó 7 años los niños empiezan a entender la irreversibilidad de la muerte. Además se dan cuenta de que la muerte es universal (todas la cosas vivas inevitablemente mueren), y que la persona muerta no es funcional (todas las funciones de la vida terminan con la muerte).
 
*        Los niños hasta los 6 años, por lo general conservan un pensamiento egocéntrico por lo que no pueden entender la muerte, ya que ésta va más allá de su experiencia personal. Sin embargo, los niños en edad preescolar que sufren algún tipo de enfermedad mortal siempre se dan cuenta de la inminencia de su muerte.
 
*        En el caso de los adolescentes, muchos piensan todavía de manera egocéntrica, creen que pueden tomar cualquier riesgo sin ningún peligro. Respecto a la muerte de un cercano tienen prácticamente la misma visión de los adultos.
 
Es muy importante destacar que a los niños se les puede ayudar a entender la muerte si se les presenta este concepto a temprana edad en el contexto de sus propias experiencias y dándoles la oportunidad de hablar sobre este tema. 
 
El duelo de los hermanos no es igual al de los padres, cada uno de los hermanos del fallecido, vive su duelo de manera particular por lo que es importante que en la familia se de el espacio de mucho amor y confianza para que el niño viva el duelo a su manera.
 
 
Mónica San Martín.
Psicóloga en Práctica.
Equipo de Salud Mental
Hospital Dr Sótero del Río
 
Agrupación de Padres de Niños Oncológicos que han Partido
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